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El ecobalance de los edificios
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Foto: El edificio de oficinas “Danube House” de Praga fue planificado de tal forma que se reduzca al máximo el consumo energético. Aparte de las posibilidades técnicas, es muy ventajosa la forma triangular del edificio. Un atrio elevado en el centro proporciona al edificio luz natural adicional, que en invierno actúa como un acumulador de calor y en verano mantiene fresco el edificio.
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Volviendo al tema más candente y discutido de las emisiones de CO2 y su ineludible y drástica reducción: los dos causantes principales de las emisiones de CO2 son el tráfico motorizado y el consumo energético. En lo que respecta al consumo energético por calefacción y refrigeración, ingeniosos arquitectos desarrollaron hace ya mucho tiempo soluciones para reducir a un mínimo dicho consumo. También en cuanto a energías renovables, por ejemplo el aprovechamiento de energía solar o geotermia, ya se han puesto en práctica ejemplos que funcionan muy bien.
Igualmente está disponible una domótica moderna que adapta el consumo a las necesidades. Lo idóneo sería desarrollar un edificio que produjera, por ejemplo con elementos fotovoltaicos, más energía de la que consume (el mismo edificio o sus ocupantes).
Pero para ser sostenible se necesita todavía más. La ciudad a la que se refería Erick van Egeraat está compuesta por edificios existentes en parte desde hace siglos y que todavía son (y pueden ser) utilizados. Ya que también la “producción” de edificios cuesta energía. Con otras palabras: cuanto más tiempo pueda utilizarse un edificio, cuanto más largo sea el ciclo de vida, más contribuirá a la sostenibilidad. Algún que otro edificio construido rápidamente, en el que se ha dado poca importancia a la calidad, deberá ser demolido a los 30 o 40 años, sólo hay que pensar en las construcciones de los años sesenta y setenta del siglo pasado. La demolición de un edificio también cuesta energía (y dinero) y cabe preguntarse cuánto material usado al construirse el edificio puede reutilizarse y cuánto cuesta su eliminación. Por esta razón, el ecobalance de un edificio deberá incluir no sólo la construcción y la vida útil, sino también la “desconstrucción”.
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